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María Gloria Pascual Casal: “Repetiría mil veces la experiencia de montar mi propia empresa como escayolista”

A sus 50 años, esta viguesa se encuentra en estos momentos formándose en un curso de 'Montaje y mantenimiento de instalaciones eléctricas de baja tensión’ en la Fundación Laboral de la Construcción de Galicia

Entrevista

Ni los años ni las malas experiencias le han quitado a Gloria Pascual Casal las ganas de volver a trabajar en el sector de la construcción. Después de formarse en el Centro de la Fundación Laboral de la Construcción en Vigo, esta escayolista viguesa llegó a crear su propia empresa, "Máis Maña", y trabajó realizando reformas. Luego llegó la crisis del sector y, tras una mala racha, tuvo que abandonar su proyecto. Ahora, a sus 50 años de edad, está formándose en un curso sobre "Instalaciones eléctricas de baja tensión", para volver a trabajar en un oficio que no cambiaría por ningún otro. 

PREGUNTA.- ¿Cómo empezaste a formarte y a trabajar en el sector?

RESPUESTA.- Había estado preparando oposiciones y tuve un accidente. El orientador laboral del Centro de Formación de la Fundación Laboral en Vigo, a quien le estoy muy agradecida, fue quien me recomendó los cursos que podía hacer en la entidad paritaria. Una amiga de Barcelona me puso en contacto con algunas empresas del sector de la construcción. Empecé a hacer pequeños trabajos, pero las empresas no me aseguraban. Por eso decidí darme de alta como autónoma, como escayolista, en el año 2006, y empecé a hacer un poco de todo, sobre todo, reformas de viviendas, incluso llegué a construir varias casas.

P.- Desde 2006, te has formado en distintos cursos en la Fundación Laboral como ‘Interpretación de planos’, ‘Operador de carretilla elevadora’ o ‘Encargado de obra’. ¿Qué te aportaron?

R.- Estos cursos fueron importantes para mí porque a la hora de hacer la reforma de un piso, por ejemplo, es importante saber interpretar los planos o saber llevar los tiempos de una obra. Para mí, la formación es imprescindible.

P.- ¿Cómo fue tu experiencia de crear tu propia empresa como escayolista?

R.- El proceso fue impresionante. Puedo decir que fui muy feliz en el trabajo. Yo soy muy puntillosa y disfruto haciendo reformas desde el inicio de la obra hasta el final porque los acabados son muy importantes. Al principio, en la empresa sólo éramos mi cuñado y yo. Luego tuve algunos albañiles en nómina, pero no me compensaba, así que acabé trabajando con autónomos. Durante todo el tiempo que trabajé me funcionó muy bien el boca-oreja, no llegué a tener que hacer publicidad. Recuerdo que en 2006 participé en un programa para crear un proyecto empresarial. Éramos 15 mujeres, todas muy formadas, excepto yo, que sólo tenía el graduado escolar. De los 15 proyectos, sólo el mío fue el que resultó viable, lo cual fue una inyección de fuerza e ilusión para seguir.

P.- ¿Cómo te veían tus clientes? ¿Notaste reticencias a la hora de contratarte por ser mujer?

R.- Sí, había reticencias. Recuerdo que, recién acabado el curso de escayola, me fui a trabajar a una obra y el señor de la casa me volvía loca (subía al andamio a cada momento); callé mucho, pero al tercer día le tuve que decir que me dejara trabajar y que dejara de darme órdenes. Estando en el curso de escayolista, una empresa vino a la Fundación Laboral de la Construcción para pedir profesionales y nos mandaron a tres personas. A mí me dijeron que no hacían figuras de escayola (en tono irónico) y tan siquiera se dignaron a hacerme la prueba como escayolista... En otra ocasión, iba a hacer el techo de una cocina y el propietario, al verme, me mandó de vuelta sólo por ser mujer. En el curso de 'Instalador de prefabricados ligeros y falsos techos', cuando llegaron las prácticas, me tuvieron cargando material de un lado al otro cuando no tenía nada que ver con el trabajo... Viví de todo. Los compañeros me hacían el vacío, comían en otro lugar y no me invitaban a acompañarlos. Recuerdo un día, me llamó un arquitecto para hacer una obra en Arcade. La propietaria de la casa se quedó en shock cuando llegué. Iba con un empleado, un albañil, y todo el rato la chica se dirigía a él, no a mí, cuando yo era la jefa. Hay cosas como esas que te violentan. Al principio llegas a casa llorando por estas situaciones, pero luego acabas riéndote y aceptando que las cosas son así.

Pero también viví experiencias y momentos muy buenos. El trabajo me encanta, llevar las obras y hacer todo el proceso. De hecho, hay clientes muy agradecidos que me siguen llamando 14 años después. Para mí, la base de todo es creer que puedes hacer este trabajo. Es cierto que las opiniones de los demás te influyen y te duelen, incluso te pueden llegar a hundir. Pero yo sentía que trabajaba bien y no me arrepiento de haber montado la empresa. Si vuelvo la vista atrás, hay cosas que cambiaría, pero repetiría la experiencia mil veces.

 P.- ¿Por qué decidiste cerrar la empresa?

R.- Me di de baja en julio de 2018 por varias circunstancias. Aguanté el principio de la crisis, pero luego todo empezó a complicarse. Trabajaba muchísimas horas, había días que no terminaba hasta las once de la noche. Con tantas preocupaciones, empecé a no dormir y adelgacé muchísimo. Me vine abajo. Cogí una baja y decidí cerrar la empresa. 

P.- ¿La forma física es un factor importante a la hora de trabajar en el sector?

R.- Soy una mujer y soy consciente que no tengo la fuerza de un hombre, es la realidad. Pero descargo material, herramientas o lo que se necesite como los demás, puede que me lleve un rato más, pero la fuerza no es todo en el trabajo. En el tema de las reformas, lo importante es saber organizarlas y controlarlas. Es verdad que mi fuerza física va a menos, pero para mí no es un hándicap. Si realmente te gusta, puedes hacer el trabajo como cualquier hombre.

P.- Ahora mismo, te estás formando en el curso de ‘Montaje y mantenimiento de instalaciones eléctricas de baja tensión’ en nuestro Centro de Vigo, ¿por qué has elegido este curso?

R.- Empecé a formarme de nuevo porque lo vi como una salida laboral después de pasarme dos años en el paro.Yo sé que, si sigo formándome, puedo volver a trabajar. Aunque de instalaciones eléctricas no sabía nada y me está costando, también estoy disfrutando del aprendizaje y el apoyo de equipo.

P.- Según datos registrados por la EPA, sólo el 8,4 % de los profesionales ocupados en el sector son mujeres. A tu modo de ver, ¿qué factores siguen frenando la incorporación de la mujer al sector de la construcción?

R.- En buena parte, te ridiculizan por ser mujer. He vivido muchas situaciones negativas. Para la gente, es como si bajaras un escalón. Pero también he encontrado gente muy buena y que hoy en día considero mis amigos. Al principio, veían una mujer y les chocaba y te vacilaban. En mi familia me sentí apoyada, especialmente por mi madre y dos de mis hermanos (María y Berto) que fueron mis mayores apoyos. Al final, debes tener una actitud decidida porque sigue habiendo mucho machismo en el sector, también entre la gente joven.

P.- ¿Qué le dirías a una chica joven que se está planteando trabajar en construcción o a hacer formación relacionada con el sector?

R.- Yo la animaría totalmente. En mi caso, estoy convencida de que tomé una buena decisión. Ahora, con 50 años, estoy en una situación complicada, pero eso no tiene que ver con la realidad del trabajo. Si sabes y tienes ganas, es igual ser hombre o mujer. Fíjate: mi primera empleada fue una mujer que trabajaba en un supermercado. Se quedó sin trabajo y la contraté. Le enseñé el trabajo y acabó haciéndolo muy bien. ¡Sin haber tenido experiencia previa y en menos de un mes, ya instalaba molduras ella sola!

P.- ¿Cómo ves el futuro?

R.- Ahora mismo, es complicado para todos. Para mí, es difícil porque estuve dos años parada y ahora me cuesta más volver, pero ya me veo con más confianza. Me noto con ganas de aprender y de trabajar. Yo creo que algo va a salir después de este curso. Estoy convencida de que valgo. En esto, tener una buena actitud es básica. La formación acaba en febrero y luego empiezan las prácticas. A mí me encantaría seguir trabajando en el sector.

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